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Icebergs

IcebergEn 1912, los barcos reforzaron sus sistemas de radio, mientras se usaban, se consideraban más como una ventaja que una necesidad. Hoy en día parece increíble que los operadores de radio, Harold Bride y John Phillips, no estuvieran empleados por la White Star y sí por Marconi Wireless Company. Cuando los operadores estaban bajo el mando del Capitán, enviaban y recibían mensajes de importancia referentes al barco, cuando no era el caso, su principal función era cuidar de las comunicaciones que necesitaban los pasajeros, enviando y recibiendo telegramas en su nombre. Las comunicaciones concernientes a informes meteorológicos y telegramas barco a barco tenían un segundo plano después de las operaciones con clientes.
En el segundo día de viaje, los operadores de radio comenzaron a recibir avisos de otros barcos sobre la existencia de icebergs en las rutas del Atlántico Norte, algunos barcos informaban que se habían visto forzados a parar debido a los densos campos de hielo. A pesar de estos avisos, el Capitán Smith continuó  utilizando los 30.000 caballos de potencia del Titanic.
Trágicamente, no todos los avisos sobre el hielo alcanzaron el puente de mando. La noche del viernes, se estropeó la radio y mientras los operadores luchaban por arreglarla una lista de mensajes de pasajeros no enviados comenzaba a acumularse. Una vez la radio estuvo reparada, la sala de radio trabajó duramente para rebajar la lista, la mayoría de los mensajes provenían de ricos pasajeros que entusiasmaban a sus amigos y conocidos sobre el viaje que estaban realizando. Al concentrarse los operadores en los mensajes de los pasajeros, ocurrió que los últimos avisos sobre hielo no llegaron a manos del Capitán Smith o alguno de sus oficiales. En realidad, un barco cercano, el California, intentó tener contacto diez minutos antes de que el Titanic chocara con el iceberg – a las 11’40 de la noche- pero no hicieron caso porque los operadores de radio estaban muy ocupados, ello pudo ser el más importante error de toda la noche.
En el lugar de los icebergs, el vigía contaba con la luz de la luna que alumbraba la espuma blanca de las olas rompiendo contra el hielo. Desafortunadamente, el 14 de abril era una noche bonita pero sin luna en el cielo. El mar estaba inusualmente calmado, no había olas en la base de los icebergs. Para hacer las cosas más difíciles, los prismáticos se habían perdido en la torre del vigía.
El vigía, Frederick Fleet, fue el primero que vio el funesto iceberg como una pequeña masa a una milla de distancia, inmediatamente hizo sonar la alarma y telefoneó al puente de mandos. El primer oficial Murdoch ordenó, “a todo estribor y velocidad máxima en popa”. La tripulación intentó en vano girar el barco, pero éste sólo lo hizo de forma parcial y lentamente porque su timón era demasiado pequeño para un barco tan grande, y además porque los motores dieron marcha al contrario. En retrospectiva, se sugiere que los motores del Titanic deberían haber mantenido la velocidad máxima para girar más rápidamente. Una alternativa hubiese sido que el barco chocara frontalmente con el iceberg con la esperanza de que el daño sólo hubiese afectado a uno de los dieciséis compartimentos herméticos. En cambio el Titanic sólo giró un poco permitiendo que el hielo rasgase uno de sus lados y entrara agua a borbollones en seis de los compartimentos.
La mayoría de los pasajeros sintieron sólo un pequeño chirrido u oyeron un rasguño cuando el barco chocó contra el iceberg y silenciosamente comenzó a parar.
A sólo unas millas de distancia, el California había parado por el hielo, pero desafortunadamente su personal de radio no estaba operativo. Al haber sido previamente “ofendidos” cuanto intentaban avisar al Titanic de la presencia de hielo, los operadores de radio del California habían cerrado su puesto y se habían retirado a descansar; justo unos minutos antes el Titanic enviaba sus gritos desesperados de ayuda.
El agua entró en el Titanic diez veces más rápido que podría haberlo hecho con una bomba de agua. Los mamparos herméticos sólo estaban hasta la mitad del casco, hasta la cubierta E, y al llenarse los compartimentos de agua, la proa del barco se derribó. El agua se desbordaba de un compartimento a otro, ahora sí, el destino del barco estaba sellado.
El Capitán Smith ordenó que se enviasen señales de socorro por radio y, mientras ninguna alarma general se oía, los camareros comenzaron a avisar a los pasajeros para que se vistieran y se pusieran sus chalecos salvavidas.


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